Una de las batallas ideológicas más elementales que se disputan entre las élites políticas de cualquier Estado está en torno a lo que hoy comúnmente llamamos antisistema. Un palabro que hoy en día, en las actuales Democracias modernas, se utiliza con cierta frecuencia para automáticamente desprestigiar a aquellas ideas que amenacen el status quo establecido por las urnas. En España, este viejo debate reapareció en 2014, cuando se fundó un partido morado harto conocido por todos.
Yo, él lápiz
Por primera vez en la corta historia de este blog, hoy no escribiré. De vacaciones me hallo, por lo que he decidido copiar directamente uno de los ensayos divulgativos más célebres para que me sustituya: “Yo, el Lápiz”, de Leonard Read. El autor nos introduce sutilmente dos conceptos clave para entender el funcionamiento de una sociedad libre: conocimiento disperso y orden espontáneo.
El ilimitado Estado del Bienestar

Mucho se ha hablado de los problemas de dicción de nuestro presidente en funciones, y demasiado poco sobre su ideología. Yo el primero. Parece que hacer bromas sobre su horrorosa oratoria es más importante que las ideas que el hombre nos intenta transmitir a duras penas.
Tanto es así, tanto se le ha llegado a ridiculizar al señor este, que más que nunca el PP será visto a ojos del votante como un partido liberal que quiere desmantelar el Estado del Bienestar, algo que, por mucho que duela admitirlo a más de uno, nunca se ha ajustado a la realidad de la legislatura.
Sobre ignorantes y elecciones
Una elecciones democráticas es una creencia patética en la sabiduría colectiva, basada en la ignorancia individual. Así se de elocuente y desafiante se pronunciaba a principios del siglo pasado un hombre al que se admira mucho aquí, Henry Louis Mencken, y así volvería a manifestarse el Sabio de Baltimore el próximo 26J cuando los políticos nos llamen a las urnas cual pastores, y cual borregos obedecientes muchos acudan a ellas.
Cardenal Cañizares: anda llorando la Libertad
N
o recordaba cuál fue la última vez que escuchaba una homilía entera, pero es que la ocasión ciertamente lo merecía. Un anciano cardenal probablemente será juzgado por decir lo que piensa, y si esto no le suena familiar al lector, es que poco me debe leer 🙁 . No obstante, como acepto mi irrelevancia sin mayor drama, si hay que recordárselo, aquí se le recuerdan las cosas en un plis plas. Faltaría más.
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