El canto del cisne europeo

Me pareció un ataque coordinado. La agencia Reuters publicaría una entrevista a primera hora de la mañana en la que el titular sería que Frente Nacional y su Francia querida saldrían oui ou oui del euro tras ganar las elecciones y, poco después, el jefe del equipo económico de Donald denunciaría que Alemania explota vilmente a la UE.

En poquitas (muy pocas) palabras, la tesis se resumía en que un euro supuestamente muy devaluado en relación con un hipotético Deutsche Mark está beneficiando gratuitamente a las exportaciones del gigante alemán. Otra vez los nazi-alemanes sometiendo a Europa, o algo así.

Yendo por delante que los nuevos fascistas están tan equivocados como los viejos, estos nietos-de son en cierto modo dignos de encomio. Entre tanto mentiroso profesional, el nuevo fascista dice lo que piensa y te anticipa lo que hará. No se puede sino agradecer su claridad y credibilidad.

Al fin y al cabo, a uno siempre le es mucho más fácil desmontar a estos peligrosos necios (como me sucede también con los marxistas nivel Monedero), que a los socialistas versión pepera, ambiguamente camuflados de liberales en función de como sople el viento electoral.

Como decía, estos también están equivocados. O mejor dicho, sólo te cuentan la parte del asunto que les interesa. Historia económica y política junto con teoría económica, esta es la ración necesaria de hoy para que no te engañen.

Y es que el euro siempre ha estado devaluado frente al virtual y desaparecido Deutsche Mark. SiempreDesde el primer día.

A ver como lo explico.

Cuando se tuvo que fijar de algún modo qué tipo de cambio iba a tener el euro (cuantos euros se iban a dar por tus pesetas, francos o marcos etc.) ya se sabía que los relativamente más grandes déficits presupuestarios y comerciales del resto de Europa que se estaban registrando y se iban a seguir registrando iban a provocar que el valor resultante del euro fuese siempre más débil de lo que el Deutschmark hubiese sido si siguiese existiendo.

Por tanto, a bote pronto, resulta muy deshonesto aducir a esta ventaja competitiva extra de los alemanes como motivo de ruptura, cuando en la transición a la moneda común ya se asumía como inevitable que comerciar en euros favorecería a los exportadores alemanes.

Pero esto no es culpa, precisamente, de los alemanes. Repasemos y profundicemos en esto (ya había expuesto en otro lugar la clave del comercio internacional), que es el meollo del asunto. Veamos.

Hace unas décadas, si BMW exportaba coches a España, las pesetas que esta empresa alemana recibía por sus ventas las podía utilizar o bien directamente para comprar bienes españoles, o bien indirectamente para que otros interesados los compren, vendiendo sus monedas españolas en el mercado de divisas a cambio de marcos alemanes.

En el segundo caso, surgía un mercado europeo en el que se intercambiaban monedas (como ahora lo hay entre el euro y el dólar o el yen). Y como en todo mercado, hay fluctuaciones en los precios.

Por poner un ejemplo muy sencillo, si a principios de año de un año el precio de la peseta respecto al marco estaba a 0,5 (2 pesetas = 1 marco), pero luego a lo largo del año Alemania había exportado más coches manteniéndose sus importaciones de bienes españoles constantes, los empresarios alemanes de la BMW tenían al final del año más pesetas que ofrecer. En consecuencia, por cuestiones de economía elemental, la oferta de pesetas subía, la peseta bajaba de precio, o lo que es lo mismo, la demanda relativa de marcos subía, el precio del marco subía.

Al final, pongamos que el precio de la peseta respecto al marco pasaba a estar a 0.25 (4 pesetas = 1 marco) lo cual se llama apreciación natural (del marco) o devaluación natural (de la peseta).

Creo que es fácil de deducir qué efecto tiene esta fluctuación del precio de la moneda en el comercio internacional. Al año siguiente, a los alemanes le resultará más caro exportar sus coches a España, mientras que les resultará más barato importar sus bienes de España: manteniendo todo lo demás constante, nuestro BMW que antes costaba 20.000 pesetas en Madrid (10.000 marcos en el año 1) ahora cuesta 40.000 pesetas (10.000 marcos en el año 2).

Pues bien, esto es lo que pasaba antes. Una apreciación del marco forzaba a los alemanes a arreglárselas para ser más competitivos al año siguiente (ahorrar costes) o no venderían tanto en comparación a sus importaciones.

Claro que siempre puedes venir el tramposo y hacerte trampas. El Estado, claro. Para frenar la apreciación de la moneda, el banco central, el Bundesbank en nuestro ejemplo, siempre podía recurrir a la imprenta e imprimir nuevos marcos. Fin (temporal) del problema. Es la devaluación artificial, una trampa para contener los tipos de cambio a corto plazo.

Pero es que en nuestra película, el Bundesbank es el bueno de la película. Aquellos que conozcan la historia económica del siglo XX sabrán de lo que les hablo. Brevemente, digamos que a los alemanes ya no les gusta imprimir billetes. La última vez que lo hicieron desencadenaron un caos de tal magnitud que provocó el ascenso cual camino de rosas de Hitler al poder. Nunca más.

Aprendida la lección por las malas, los economistas banqueros alemanes se tiraron toda la segunda mitad del siglo XX sin hacer eso (o haciéndolo menos que sus vecinos franceses). Si la moneda se apreciaba, habría que trabajar más duro. No quedaba otra. Nada de trampas.

El resultado fue espectacular y más aún lo fue con la reunificación alemana. Los alemanes estaban dando una lección al mundo. Con mayor disciplina fiscal que sus colegas, libre mercado y trabajo duro, la economía germánica amenazaba definitivamente la hegemonía francesa.

Por el contrario, franceses, españoles, sureños en general, recurrían demasiado a menudo a las vergonzosas devaluaciones. Vergonzosas, porque tácitamente no era más que un reconocimiento de que los alemanes iban ganando la partida. Vergonzosas, porque servían para maquillar los irresponsables déficits fiscales y comerciales de sus gobiernos. Vergonzosas, porque la reunificada Alemania no tenía poder político para protestar.

Creo que ya se entiende lo perverso de la acusación. Resulta insultante y contradictorio culpar a los alemanes de beneficiarse de un euro devaluado, cuando si la moneda única sigue depreciándose respecto a ese hipotético marco es principalmente por culpa de las irresponsabilidades fiscales de sus vecinos.

Si te vas de fiesta, no te quejes de la resaca.

Repito. Si tras arrebatar la soberanía monetaria a los relativamente más serios alemanes para montar un fiestón europeo (el euro fue un proyecto político francés para tapar sus vergüenzas y las de europa frente a Alemania), tenemos de vuelta a algunos franceses lloriqueando, pidiendo devolvérsela para así recuperar la suya, la culpa es de todos menos de los alemanes.

A ver si entienden lo perverso de la situación. Lo de volver a la canasta de monedas no sería ningún problema, si no fuese precisamente porque estos peligrosos políticos quieren destrozarla a base de volver a estas tramposas y aún más agresivas devaluaciones. Unas devaluaciones que sin duda alguna desatarían una nueva guerra comercial que terminaría por colapsar Europa.

Es decir, puede que los Trump- Le Pen (y Podemos) tengan razón, pero no saben cuanta. La ruptura del euro no es más que el irónico canto del cisne de una decadente Europa y su empeñado experimento socialista fallido frente a una seria Alemania (entre otras pocas economías) que definitivamente no pudieron parar ni con el euro.

Porque sí, el euro, al fin y al cabo, supuso más contras que pros a los germanos. En realidad, a pesar de que la moneda única efectivamente iba a favorecer las exportaciones alemanas, había otras razones de peso por las cuales los banqueros alemanes no querían ni les interesaba entrar en el euro. En todo caso, lo de las exportaciones ya se sabía.

Pero el artículo de hoy se acaba aquí. Espero que al menos hayamos progresado un poco en la comprensión de este entuerto monetario. Pretendemos derrotar a los alemanes volviendo a la vieja y tramposa fórmula de las devaluaciones, todo antes que trabajar de una vez más duro y exigir disciplina fiscal a nuestros políticos.

Que Dios nos coja confesados.

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