La isla cárcel

los castro

Cuando en 1993 nace un servidor, Fidel ya llevaba más de treinta años imponiendo su marxismo a la cubana. 23 años han pasado y todo sigue igual, por lo que parece lógico suponer que los dinosaurios Castro morirán en cama. Barack Obama, hombre inteligente y calculador donde los haya, tampoco lo impedirá esta vez.

Para que te hagas una idea, aquí en España el fascista sólo se nos enquistó 40 años (y también se nos murió en cama, el muy cerdo), mientras que, por ejemplo, los dos peores dictadores de la historia, Stalin y Mao, duraron sus 24 y 27 años respectivamente. Pues hagan ya sus cálculos: estos cerdos llevan 57 años en el poder y siguen sumando. Un auténtico récord.

Me gustaría insistir hasta la saciedad en la perspectiva temporal del régimen, porque aunque hasta anteayer el mundo ha estado infestado de coroneles, tiranos, sátrapas, iluminados, psicópatas delirantes y demás personajes de todos los colores e ideologías habidas y por haber, nadie ha conseguido agarrarse a un sillón presidencial tanto tiempo.

En estos casos, lo más frecuente es que tarde o temprano el pueblo acabe con dictador, ya sea colgándolo de la plaza más cercana o fusilándolo en el primer callejón que encuentren. Otras veces consiguen expulsarlo, y otras tantas mueren en palacio.

Por eso, cínicamente podría atribuirle, al menos, ese mérito al Comantante, mas ni eso le voy a conceder. En primer lugar, porque no es ni comandante. Tan sólo un soldadito sin formación militar que se hace llamar tal (no es de extrañar que Cuba es el único país del mundo en el que rango máximo militar sea el de comandante).

En segundo lugar, porque reprimir y aplastar una y otra vez a la disidencia que pudiese surgir fuera del partido o intramuros es algo más sencillo cuando estás rodeado de tiburones. Así de claro. El mismo Fidel no se ha cortado un pelo, en más de una ocasión, en invitarlos a irse. Si pueden.

Cuba se convirtió en una isla-cárcel desde 1959, año en el que unos revolucionarios aprovecharon el vacío institucional de la isla (gobernada hasta entonces por un ladrón de poca monta) para cometer la locura de cruzar el golfo y asaltar el poder.

La supuestamente novedosa guerra de guerrillas (asaltar a gente inocente, matarla, y huir), que luego expandiría cual virus por Latinoamérica y África, lo encumbró como estratega a ojos de la izquierda más ideologizada. Ja. Más viejo que la sombra.

Las malas lenguas (si por malas lenguas entendemos las hemerotecas) dicen que esos asesinos no eran, en realidad, ni comunistas. Que no estaban llevando a cabo una revolución marxista en beneficio de Moscú o de los camaradas del Partido Socialista Popular, sino que todo era para su propio disfrute, gloria y beneficio. Que sencillamente vieron la oportunidad, y que la parafernalia soviética vendría después.

No lo sé. Lo que si sé es que una vez tomaron las riendas, limpiaron la isla de viejos comunistas, movimientos democráticos (sí, claro que los había), homosexuales, artistas, y todo aquel que mostrase mínima resistencia a la Revolución. Expropiaron todo a todos, ocuparon las universidades y crearon la temida Dirección de Inteligencia.

La pesadilla castrista acababa de comenzar. Dos años después, tras la cagada de Cochinos y la crisis de los misiles, el régimen no sólo se afianzó, sino que hasta fue visto como “libertador”. Pero no me iré por las ramas.

Volviendo al presente, resumiré el panorama económico del marxismo caribeño sin enrollarme mucho. Total, más de uno me llamará loco (la propaganda soviética sigue retumbando en Europa). Además, ya saben lo que digo en estos casos: hay gente mucho más preparada que yo para estas cosas.

En ese aciago 1959, el ingreso nacional por habitante de Cubano era el doble del Español. Medio siglo después, quedan pocos valientes atreviéndose a negar la evidencia (mejor no os digo la comparación actual): Cuba, como no podía ser de otra forma, es un absoluto fracaso, la miseria total.

Una población entera muriéndose de hambre, sobreviviendo de “la libreta” de productos básicos que no ha dejado de adelgazar desde la caída de la URSS. Tanto es así que hay economistas afirmando que un esclavo cubano de 1842 comía mejor que un chaval actual de mi edad. Y eso que, gracias a dios, Cuba no conoce el invierno.

La isla es un país en el que hoy encuentras a licenciados universitarios por las calles deseando hacer cualquier cosa por unos pocos dólares.

También es harto sabido el tópico mil veces escuchado que dice que Cuba tiene de los mejores sistemas de Salud y Educación del mundo. Da igual que les insistas que es una dictadura hermética, y que como tal sus datos no son en absoluto fiables. Más que nada porque los organismos estadísticos dependen del régimen. Es tan obvio lo que sucede que se me pone la piel de gallina. Manipulan las cifras con total impunidad.

En este sentido, la historia soviética nos sirve de adelanto. Cuando cayó el Muro de Berlín, numerosos economistas rusos empezaron a rajar. Uno de ellos comenta cómo, por ejemplo, para mejorar las estadísticas respecto de las cifras de gente que moría dentro del sistema, a los pacientes normalmente se les echaba por la puerta antes de que la palmasen.

En Cuba, que presume de una tasa de mortalidad infantil muy baja, a los niños sólo se les registra cuando tienen varios meses, dejando así fuera de las estadísticas oficiales todas las muertes infantiles que tienen lugar en los primeros meses de vida.

Podría continuar con los miles de ejemplos documentados. Quizás algunos sin contrastar en la islaPero sí en Moscú, o en Pekín. La mera intuición nos debería decir que no hay motivo alguno para creer a una dictadura pero, aún así, y ya para darle un broche de oro al post, son pocos los que realmente se rinden, y entonces te aseguran que Cuba es pobre por el famoso embargo comercial estadounidense.

He aquí lo peor del cinismo marxista. El mayor reconocimiento posible a la tesis de que el libre comercio enriquece te lo proporciona un pro-castrista. Pero da igual, porque esto siempre fue una cuestión de fe. Malditos necios.

Viva Cuba libre.

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