Twitter-lecciones de Economía con Eduardo Garzón

Poco que te esfuerces, Twitter es una herramienta genial para aprender Economía. Entre tanto ruido, con un poco de voluntad puedes encontrar a economistas de todo tipo dispuestos a enseñarte cómo funciona el mundo. Una buena forma de estar al día no sólo de los muchos disparates, sino también de algunos aciertos, que se exclaman diariamente en nombre de esta Ciencia.

Hoy vengo con buenas noticias. Entre estos últimos esta semana pasada tuitera ha ocurrido algo verdaderamente digno de narrar, un verdadero sabotaje a la ideología socialista cometido desde dentro del sistema. Aún no me lo explico. Jamás una herejía ha pasado tan completamente desapercibida como la que hace unos días cometió Garzón el Científico.

Este hombre se ha atrevido a afirmar que la tecnología no destruye empleo, pero inexplicablemente ninguno de sus acólitos lo ha llevado a la hoguera aún. Fue alucinante. Eduardo intentó derrumbar en su blog uno de los Dogmas de Fe fundamentales del Socialismo y casi nadie se inmutó. ¿Debería replantearme mi estrategia? ¿Debería hacerme de izquierdas e ir sutilmente infiltrando el mensaje? No lo descartemos.

Estamos ante uno de esos errores que jamás de los jamases se ha podido digerir por la izquierda. Sencillamente, hubo un Dios en la tierra (sí, Marx, otra vez él) que se inventó cinco leyes del movimiento Capitalista, entre ellas una que afirmaba que el Capitalismo condenaría al paro a millones de obreros, un “paro tecnológico” generado por la sustitución de los trabajadores por la maquinaria.

Y como Marx para variar se equivocaba, es decir, Garzón está acertando de pleno, yo me hallo desconcertado ante tamaña ironía: por una vez que un economista de izquierda contradice radicalmente el dogma, ¡nadie se le echó encima! ¿pero qué está pasando aquí?

Vayamos ya a la explicación. Como decía más arriba, Eduardo intentó derrumbar el dogma, pero lo cierto es que su explicación fue bastante defectuosa. Bueno, al menos el hombre ha descubierto al fin la pólvora. Estamos progresando, nunca mejor dicho.

Si habéis leído el artículo, veréis cómo Eduardo parte de una reflexión empírica muy inteligente: en nuestro planeta hay hoy 7 veces más habitantes que en el año 1800, pero las tasas de desempleo son similares. Por tanto, el razonamiento marxista vulgar que afirma que “por cada máquina que el empresario adquiera, habrá X trabajadores condenados al desempleo” tiene que fallar por algún lado.

Si eso fuese cierto, es evidente que a estas alturas tendríamos un paro del 99.9%. No sucede tal cosa. Por eso, aporta un estudio británico que más o menos explica su intuición de que algo fallaba en el razonamiento marxista.

No obstante, podrían acumularse montañas de cifras que demuestran cuán equivocados están los tecnófobos y, sin embargo, aún tenemos el riesgo de que mañana aparezca otro economista con un “estudio empírico” diciendo exactamente lo contrario, y los economistas como Eduardo tendrían un problema, porque a la hora de explicar por qué sucede esto tan sólo dedicó un párrafo muy superficial.

Típico error del economista contemporáneo que, olvidándose de la teoría, se sumerge en datos, tablas y gráficas, sin comprender cómo funcionan realmente las personas que hay detrás de ellas.

Por fortuna, los buenos economistas tienen claro desde hace muchas décadas qué sucede. No entraré en consideraciones metodológicas (supongo que alguno se estará preguntando porqué van con tanto retraso algunos) y veamos ya pues, en qué consiste la teoría.

En primer lugar, sí es cierto que a muy corto plazo habrá despidos si un empresario adquiere máquinas más eficientes que sus ya antiguos trabajadores. Pero hay más, mucho más.

Para empezar, a muy corto plazo esa propia máquina requirió mano de obra para ser fabricada; por lo que como primera compensación aparece un trabajo que de otra forma no hubiese existido. En términos netos el daño producido ya parece un poco menor ¿no? Sigamos.

A continuación, a corto plazo podemos afirmar que el empresario aumentará su capacidad productiva y con ello aumentarán sus beneficios. Pero cabe preguntarnos a qué serán destinados esos beneficios. Pues bien:

1) Podría ampliar de sus instalaciones adquiriendo nuevas máquinas.

2) Podría invertir en cualquier otra industria

3) o podría sencillamente consumir sus beneficios y, por ejemplo, comprarse un chalet nuevo.

Seguro que ya te has dado cuenta que cualquiera de estas tres posibilidades produce demanda de trabajo. En cualquier caso se deduce que el empresario está indirectamente creando tantos empleos como directamente dejó de facilitar. Y aún hay más.

Por el lado del consumidor, los precios del producto X tendrán que bajar irremediablemente en el largo plazo. Son tres las razones:

– gracias a la máquina comprada se está produciendo más,

– gracias a la máquina comprada los costes de producir han bajado,

– y las empresas competidoras también han comprado esas máquinas.

En consecuencia, tarde o temprano los precios descenderán, con lo que cada consumidor dispondrá de X dólares de ahorro con los que previamente no contaba. Podrá gastar, por consiguiente, esos X dólares en cualquier otra cosa, proporcionando así más empleos en otros sectores económicos.

En definitiva, por una parte unos empleos van quedando desfasados mientras que por otra van surgiendo otros nuevos, mejores y en mayor cantidad. ¿Es que acaso alguien quiere, hoy en día, ser farolero o cazador de ratas?

Vaya, resulta que al final el Progreso es bueno. Otra revolucionaria idea…buen fin de semana.

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