Comunicación (y) Política

Pocas días al año tengo tan claro como hoy que nunca me dedicaré a la Política. El hecho de conectar con la Carrera de San Jerónimo me suele producir tal malestar que no suelo aguantar ni 5 minutos con la tele encendida, y como estos días tocaba «tragarme» unos 10 (gajes de la profesión), el resultado es estar aquí escribiendo. Llamémosle autoterapia.

Efectivamente, no me queda otra que hablar a mi estilo de la investidura imposible de Pedro, de otro discurso prefabricado que nuestro presidente en funciones no supo leer, y también de esos dos chicos que vieron cumplido su sueño, hablar desde el Atril del Pueblo. Por ello, antes de todo esto, voy a trasladaros a mi pasado Noviembre. Quiero, en primer lugar, compartir unas reflexiones personales que saqué de una experiencia que tuve este pasado otoño, porque vienen muy pero que muy al caso.

Porque mientras que se iban sucediendo las intervenciones, réplicas, aplausos y gritos, mi cabeza se trasladaba a ese fin de semana de Noviembre en el que me invitaron a ir a Santiago, para asistir a una competición de oratoria y debate.

Fue todo culpa de un buen amigo, conocedor de mis raritos gustos, me había invitado al evento convencido de que me iba a encantar este rollo. Yo, que no tenía (y sigo sin tener) ni idea de comunicación oral, acepté con gusto la oferta. Pensé que con tener una aceptable base de conocimientos políticos (y un mínimo de desparpajo) bastaría para empezar. Pues bien, estaba muy equivocado. Completamente equivocado.

A los dos minutos de comenzar ya intuí que me había metido en un sitio muy distinto al que yo tenía en mente. Nada más empezar, hubo una explicación general de cómo iba a desarrollarse la competición en la que uno de los jueces dejó claro (poniendo ejemplos muy graciosos) que iba a importar más bien poco lo que se dijera: lo que realmente iba a valorarse era cómo se decía.

No llegaba a entenderlo mucho, y cuando me dijeron que una de mis pruebas consistiría en defender «la inclusión de la cocaína en los menús de desayuno colegiales» confirmé que estaba muy perdido.

Pasar, me lo pasé genial. Me defendí como pude en cada una de las pruebas y me fui a casa muy agradecido por la experiencia. Pensativo. Había estado reunido tres días con personas con una capacidad bestial de comunicación. Unos auténticos magos con sus alucinantes trucos de persuasión, técnicas de manipulación o yoquesé. Gente capaz de defender su postura y convencerte….y luego defender la opinión contraria, y convencerte también. Si hubiese sido necesario, el círculo tendría esquinas o las vacas volarían. Genios de la retórica.

Pero como decía, me quedé pensativo. Me quedé con una sensación un tanto contradictoria en el cuerpo. Había sido una competición de debate en la que el contenido del discurso no fue apenas relevante, donde lo relevante fue la forma. Para ellos parecía un juego, para mí fue algo desconcertante.

Quien mejor que el maestro para explicar lo que intento transmitir:

Si, había asistido a una suerte de simulacro de Política profesional en todo su esplendor. Extremadamente didáctico y por momentos terriblemente divertido, pero en esencia muy aterrador. Comprendí, o más bien constaté, cómo la Comunicación (y por ende, Política) es una herramienta peligrosísima.

Sin embargo, como bien argumenta Santiago en el vídeo, yo también creo firmemente que las herramientas no hacen daño por sí solas y que son sólo los hombres que las utilizan los culpables de sus actos (una digresión: no dejo de preguntarme qué pensará Santiago de la prohibición de armas de fuego), por lo que puedo aceptar que no haya alternativa, puedo aceptar que sea necesario e inevitable que todos aprendamos oratoria. Y en ello estoy.

Quizás no tanto para saber expresar tus propias ideas y plantar batalla ideológica contra quien piensa distinto a ti, quizás más bien para saber detectar (al menos) cuando directamente se están riendo en tu cara.

Porque a la hora de la verdad, y aquí empieza mi punto, olvidamos que lo único que verdaderamente importa son las Ideas que se agazapan detrás de tanta parafernalia, gestos, expresiones, vocabulario difuso, metáforas y demás recursos literarios.

El contenido vs el Envoltorio. La Materia vs la Forma. En definitiva, la Ciencia y el conocimiento vs la Política y la apariencia.

Tendría cierto sentido potenciar lo segundo, pero sólo cuando se tiene lo primero. Pero si eres un completo indocumentado, la Oratoria y la Retórica es lo más peligroso que puedes aprender. Es dar un altavoz a un necio, a un político.

Detrás de las palabras de un candidato, rara vez se encuentran ideas dignas de consideración. Pero que no se me entienda mal. Lo desolador, lo que me hace apagar el televisor, ya no es que defiendan ideas acertadas o equivocadas, es que son viejas. No hay nada nuevo que se pueda analizar, porque nada real tienen que aportar. Es todo más de lo mismo. Idéntico. Similar. Igual. Cíclico. Pésimo.

Mediocres hasta la saciedad, brillantes vendiendo la moto. Auténticos trileros, capaces de engañar a la población una y otra vez con sus palabras vacías y sus gestos calculados: ir al Hormiguero, una llamadita al Sálvame, llevarse al bebé al parlamento…etcétera. Siento profundamente que me tratan como si fuese(mos) gilipollas, por lo que allá cada uno con su conciencia. Por mi parte, esos señores podrán obtener el poder, pero seguirán sin tener mi consentimiento.

Si el culmen de la Política es eso que sucedió hoy en el Parlamento, yo no quiero ser cómplice. Seguiremos estudiando informando.

Comunicación (y) Política por Manuel Fraga está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

3 opiniones en “Comunicación (y) Política”

Deja un comentario