El deber de socorro

¿Debemos sacrificarnos por los demás? ¿siempre? ¿cuándo? Esta es una de las preguntas más recurrentes y espinosas de cualquier Ética, y muy en especial en la de corte libertario. Mal entendido, algunos libertarios interpretan que el deber de socorro legal es una violación del principio de no agresión (léase, libertad), dado que se estaría obligando a una persona a realizar una acción que, a priori, no tiene porqué querer hacer.

En este extracto de hoy, una filósofa americana nos expone cuál cree que debería ser el criterio a seguir, si bien no acaba de distinguir del todo bien entre cuándo una conducta es meramente inmoral frente a otra constitutiva de delito. Otro autor defendía esencialmente la misma idea, pero mucho mejor, aquí.

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10 razones para NO abolir la esclavitud

Robert Higgs es de los historiadores vivos más geniales que conozco. Entre los que han dedicado su vida a comprender la dinámica del Estado, este profesor norteamericano  es probablemente el primer autor que haya que leer.

Dado que el Estado es una organización monopólica, dice Robert (y cualquier politólogo), es de esperar que  como tal tienda constantemente a expandir su Poder a lo largo y ancho de un determinado territorio. Pero eso había que comprobarlo. Así,  este señor ha estudiado los trucos y formas con los que los Estados evolucionan, tejiendo y legitimando sutilmente su red de Poder en la sociedad civil. Sus obras son una delicia para el lector, pero hoy os traduzco libremente uno de sus texto-resumen más brillantes, donde reflexiona hábilmente sobre, aparentemente, otro tema: cómo evolucionó la justificación moral de esclavitud a lo largo del tiempo. ¿porqué lo hace? Lean hasta el final.

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Los movimientos de masas

“Cuando las personas están maduras para un movimiento de masas, normalmente están maduras para cualquier movimiento operante, y no solamente para uno con una doctrina o programa particular. En la Alemania pre-hitleriana era cuestión de azar el que un joven inquieto se uniese a los comunistas o a los nazis. En la superpoblada Rusia zarista, la población judía estaba madura tanto para la revolución como para el sionismo. En la misma familia, un miembro se unía a los revolucionarios y el otro a los sionistas. El Dr. Chaim Weizmann cita una frase de su madre en aquellos días: “Suceda lo que suceda, estaremos bien. Si Shemuel [el hijo revolucionario] está en lo cierto, viviremos felices en Rusia; si es Chaim [el sionista] el que tiene razón, iremos a vivir a Palestina” 1

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