Karl Marx y El Capital (I)

KARL MARX: Bramando gigantescas maldiciones

por Paul Johnson

[extracto]

…[El Capital] curiosamente, no tiene un argumento central que funcione como principio organizador. Originariamente, en 1857, Marx lo concibió como una obra en seis volúmenes: El Capital, la tierra, el salario y el trabajo, el estado, el comercio, y un tomo final sobre el mercado mundial y la crisis. Pero la autodisciplina metódica necesaria para llevar adelante semejante plan resultó superior a sus fuerzas. El único volumen que realmente terminó (y que, para mayor confusión, es en realidad dos tomos) no tiene en verdad ningún esquema lógico. Es una serie de trabajos independientes ordenados arbitrariamente.

El filósofo marxista francés Louis Althusser encontró su estructura tan confusa que consideró “imperativo” que los lectores saltearan y Parte I y comenzaran por la Parte II, capítulo cuarto. Pero otros exegetas marxistas han repudiado con vehemencia esta interpretación. De hecho el enfoque de Althusser no sirve de mucho. La sinopsis del mismo Engels del tomo primero del El Capital sólo sirve para subrayar la debilidad o más bien la ausencia de estructura.

Después de la muerte de Marx, Engels preparó el tomo II sobre la base de 1500 páginas en folio de notas de Marx, la cuarta parte de las cuales reescribió. El resultado son 600 páginas aburridas y confusas sobre la situación de El Capital, que tratan principalmente de las teorías económicas de la década de 1860.

El tomo III, en el que Engels trabajó entre 1885 y 1893, examina todos los aspectos de El Capital no tratados anteriormente, pero no es más que una serie de notas que incluyen 1.000 páginas sobre la usura, en su mayor parte memorándums de Marx. El material data casi en su totalidad de principios de la década de 1860, reunido cuando Marx trabajaba en el primer tomo. De hecho nada le habría impedido a Marx completar él mismo el libro, salvo la falta de tesón y el saber que en realidad simplemente carecía de coherencia.

Los tomos II y III en realidad no nos interesan, ya que es muy poco probable que los hubiera dado a la imprenta con esta forma o que, a fin de cuentas, los hubiera terminado, ya que en realidad había dejado de trabajar en ellos durante una década y media. Del tomo primero, que fue obra suya, sólo importan realmente dos capítulos: el octavo, “La jornada de trabajo”, y el vigésimo cuarto, cerca del final del segundo volumen, “La acumulación primitiva”, que incluye la famosa Sección 7, “La tendencia histórica de la acumulación capitalista”.

No se trata en forma alguna de un análisis científico, sino de una simple profecía. Marx dice que habrá (1) “una disminución progresiva del numero de magnates capitalistas”; (2) “un incremento correlativo en el volumen de la pobreza, opresión, esclavitud, degeneración y explotación”; (3) “una intensificación constante de la ira de la clase trabajadora”. Estas tres fuerzas, trabajando unidas, producen la tesis hegeliana, o la versión político económico de la catástrofe poética que él había imaginado cuando era un adolescente: “La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que resultan incompatibles con su cobertura capitalista. Entonces explota. Las campanas tocan a muerto por la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.” Esto suena muy emocionante y ha encantado a generaciones de socialistas fanáticos.

Pero como proyección científica no tiene más fundamento que el almanaque de un astrólogo.

El Capítulo Octavo, “La jornada de trabajo”, se presenta en contraste, como un análisis fáctico del impacto de El capitalismo sobre las vidas de los proletarios británicos. De hecho, es la única parte de la obra de Marx en que realmente trata de los trabajadores, los sujetos ostensibles de toda su filosofía. Por lo tanto vale la pena estudiarlo en cuanto a su valor “científico”. Puesto que, como ya hemos señalado, Marx sólo buscaba los hechos que concordaran con sus preconceptos, y como esto va en contra de todos los principio del método científico, el capítulo tiene, desde el principio, u defecto radical. Pero ¿acaso Marx, además de seleccionar tendenciosamente los hechos, también los presentó engañosamente a los tergiversó? Esto es lo que debemos examinar ahora.

Lo que el capítulo quiere demostrar, y se trata del núcleo de la tesis moral de Marx, es que El capitalismo por su propia naturaleza implica la progresiva y creciente explotación de los trabajadores; y por lo tanto cuanto más capital se emplee mayor será la explotación de los trabajadores, y este gran mal moral produce la crisis final. Al fin de justificar su tesis en forma científica debe demostrar: (1) por malas que hayan sido las condiciones de trabajo en las manufactura precapitalistas, se han vuelto mucho perores bajo El capitalismo industrial; (2) que, una vez admitida la naturaleza impersonal e implacable El capitalismo, la explotación de los trabajadores alcanza un punto culminante en las industrias con mayor proporción de capital invertido. Marx ni siguiera intenta demostrar el punto (1). Escribe: ”En lo que se refiere al período que abarca desde el comienzo de la industria en gran escala en Inglaterra hasta el año1845, sólo lo consideraré incidentalmente refiriéndome para mayores detalles a la obra de Friedrich Engels Die Lage der arbeitendem Klasse in England (Leipzing, 1845)”. Marx añade que posteriores publicaciones oficiales, en especial los informes de los inspectores de fábricas, han “confirmado la penetración de Engels para captar la esencia del método capitalista” y expuesto “con qué admirable fidelidad por el detalle pintó el cuadro”.

En resumen, toda la primera parte del estudio que hizo Marx a mediados de la década de 1860 se basó en un solo trabajo. Condiciones del trabajo de la clase trabajadora en Inglaterra, de Engels, publicado veinte años antes. Y en consecuencia, ¿qué valor científico puede adjudicarse a esta única fuente? Engels nació en 1820, hijo de un prospero industrial algodonero renano de Bremen, y se integró a la firma familiar en 1837. En 1842 fue enviado a la sucursal de la firma en Manchester y pasó veinte meses en Inglaterra. Durante ese tiempo visitó Londres, Oldham, Rochdale, Ashton, Leed, Bradford y Huddersfield, al igual que Manchester. Tuvo así un conocimiento directo de los oficios vinculados a la industria textil, pero fuera de eso no tuvo conocimiento alguno de primera mano de las condiciones imperantes en Inglaterra. Por ejemplo, no sabía nada sobre minería y nunca bajó a una mina, no sabía nada sobre los distritos o el trabajo rurales. Sin embargo dedica dos capítulos enteros a “Los mineros” y a “El proletariado de la tierra.”

En 1958 dos eruditos muy minuciosos, W. O. Henderson y W. H. Challenger, tradujeron nuevamente y prepararon una edición anotada del libro de Engels, y estudiaron sus fuentes y el texto original de todas sus citas. El resultado de este análisis fue destruir el valor histórico objetivo del libro y reducirlo a las proporciones de lo que indudablemente era: una obra polémica política, un trabajo panfletario, una diatriba. Engels le escribió a Marx mientras trabajaba en el libro: “Ante el tribunal de la opinión pública acuso a las clases medias inglesas de asesinato en masa, robo al por mayor, y todos los demás delitos existentes.”

Esto prácticamente resume el libro: era la presentación del caso hecha por el fiscal. Buena parte del libro, incluido todo el estudio de la época precapitalista y de las primeras etapas de la industrialización, no se basó en fuentes directas, sino en unas pocas fuentes secundarias de valor dudoso, en especial La población manufacturera de Inglaterra (1833), un trabajo teñido de la mitología romántica que intentaba demostrar que el siglo XVIII había sido la edad dorada de los pequeños agricultores o artesanos ingleses. Lo cierto es que la Comisión Real designada para informar sobre el trabajo de los niños en 1842 llegó a la conclusión indudable de que las condiciones laborales en los pequeños talleres y chozas eran mucho peores que las imperantes en las nuevas hilanderías de Lancashire. Las fuentes directas impresas a las que recurrió Engels estaban atrasadas en cinco, diez, veinte, veinticinco o hasta cuarenta años, pese a que generalmente las presentaba como contemporáneas. Al dar las cifras sobre nacimientos de niños ilegítimos atribuidos a los turnos de trabajo nocturno, dejó a un lado que éstas databan de 1801. Citó un trabajo sobre obras de salubridad pública en Edimburgo sin informar a sus lectores que habían sido escritos en 1818. En muchas ocasiones omitió hechos y acontecimientos que invalidaban completamente sus datos desactualizados.

No siempre queda en claro si las tergiversaciones de Engels son un engaño deliberado para el lector o un autoengaño. Pero a veces el engaño claramente voluntario. Utilizó pruebas de las malas condiciones de trabajo descubiertas por la Comisión de Investigación sobre las fábricas (Factories Enquiry Comisión) de 1833 sin informar a los lectores que la Ley de Fábricas (Factory Act) de Lord Althorp de 1833 había sido sancionada y aplicada desde mucho tiempo atrás precisamente para eliminar las condiciones que el informe describía. Recurrió al mismo engaño al utilizar una de sus fuentes principales, el trabajo del doctor J.P.Kay Condiciones físicas y morales de las clases trabajadoras empleadas en la manufactura de algodón den Manchester (1832), que había contribuido a producir reformas fundamentales en las medidas sanitarias de los gobiernos locales; Engels no las menciona. Interpretó falsamente o no tuvo en cuenta las estadísticas penales cuando no apoyaban su tesis. En verdad, constantemente y a sabiendas suprime hechos que contradicen su argumentación o demuestran la inexistencia de una supuesta “iniquidad” que él busca denunciar. La confrontación cuidadosa de las citas que hace Engels de sus fuentes secundarias muestra que éstas a menudo están truncadas, condesadas, mutiladas o deformadas, pero sin excepción puestas entre comillas como si fueran una transcripción literal.

A todo lo largo de la edición del libro hecha por Henderson y Challoner, las notas a pie de página conforman un catálogo de las deformaciones y falsedades de Engels. Tomando en consideración una sola parte, el Capítulo Séptimo, que lleva por título “El proletariado”, las falsedades, incluidos errores de hecho y de transcripción, aparecen en las páginas 152, 155, 157, 159, 160, 163, 165, 167, 168, 170, 172, 174 , 178 ,179 , 182 , 185 , 186, 188 , 189 , 190 , 191 , 194 y 203.

No es posible que Marx no fuera consciente de las debilidades, en verdad, falsedades, del libro de Engels, ya que muchas de ellas fueron denunciadas en detalle en 1848 por el economista alemán Bruno Hildebrand en una publicación que Marx conocía.

Más aún, Marx mismo se hace cómplice de las tergiversaciones de Engels al omitir informar al lector sobre las enormes mejoras que trajo el cumplimiento de las leyes de Fábricas (Factory Acts) y otras leyes correctoras posteriores a la publicación del libro, y que tuvieron efecto precisamente sobre las condiciones que habían puesto de relieve. De todos modos, Marx usó las fuentes escritas directas y secundarias con la misma actitud de grosero descuido, deformación tendenciosa y deshonestidad lisa y llana que caracterizaba la obra de Engels. Lo cierto es que a menudo colaboraron en el engaño, aunque de los dos, Marx fue el falsificador más audaz.

Hay un caso especialmente flagrante en el que se superó a sí mismo. Fue en el así llamada “Discurso inaugural” de la Asociación Internacional de Trabajadores fundada en septiembre de 1864. Con el objeto de sacudir a la clase trabajadora inglesa de su apatía, y deseoso por eso de demostrar que el nivel de vida estaba en descenso, adulteró deliberadamente una oración del mensaje de 1863 de W. E. Gladstone sobre el presupuesto. Lo que dijo Gladstone, refiriéndose al incremento de la riqueza nacional, fue: “Vería casi con aprensión y dolor este embriagador acrecentamiento de riqueza y poderío si creyera que está circunscrito a la clase acomodada”. Pero “La condición media del obrero inglés, es una felicidad saberlo, ha mejorado en los últimos veinte años a un grado que sabemos extraordinario, y que podemos calificar como sin paralelo en la historia de cualquier país y de cualquier época.”

Marx le hace decir en su mensaje: “Este acrecentamiento embriagador de riqueza y poderío está completamente circunscrito a las clases de propietarios” Dado que lo que Gladstone dijo era cierto, confirmado por un enorme volumen de pruebas estadísticas, y dado que de todos modos era bien conocido que estaba obsesionado por la necesidad de que la riqueza fuese destituida lo más ampliamente posible, resultaría difícil imaginar una distorsión mas inconcebible del significado de sus palabras. Marx dio como su fuente al diario Morning Star, pero el Star, al igual que otros diarios y el Hansard, citan las palabras de Gladstone correctamente. El error de cita de Marx fue señalado. Sin embargo lo repitió en El Capital con otras discrepancias, y cuando el falseamiento fue de nuevo señalado derramó un torrente de tinta destinado a confundir.

Él, Engels, y luego su hija Eleonora estuvieron envueltos en la riña durante veinte años, tratando de defender lo indefendible. Ninguno de ellos quiso admitir el claro falseamiento inicial, y el resultado de la polémica es que se trata de una cuestión opinable. No es así. Marx sabía que Gladstone nunca dijo semejante cosa y el engaño fue deliberado. No fue el único. Marx falseó de modo similar citas de Adam Smith.

[seguiremos 😀 con otro post acabamos]

Karl Marx y El Capital (I) por InyectandoRealidad está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

Un comentario en “Karl Marx y El Capital (I)”

Deja un comentario