La reventa de entradas

Captura de pantalla 2016-01-26 a las 22.47.38Volviendo con mis breves (y espero que sencillas) explicaciones de cómo funciona el libre mercado, hoy me apetece hablar de un caso muy particular de esa mal entendida “avaricia” que supuestamente mueve un sistema capitalista, la reventa de entradas.

Afortunadamente, puedo empezar este post aclarando que la reventa en este país es bastante más legal de lo que pensaba. Por si te interesa, has de saber que apenas hay trabas legales mientras que no revendas descaradamente a la entrada de los locales. De todas formas, quién no se ha indignado alguna vez por haberse quedado sin entradas para ver a tu artista favorito, y quién no ha estallado al ver que la única opción para asistir al concierto pasaba por pagar una cantidad desorbitada al revendedor.

Como veremos, si bien parte de la frustración es lógica y entendible (por haberte quedado sin concierto, partido o lo que sea), descargar la ira contra el revendedor que pone un precio altísimo es una actitud profundamente injusta. Él no tiene culpa de nada y, es más, deberías estarle agradecido.

Más que nada porque su existencia se debe, principalmente, a ti. Si el Camp Nou tiene 100.000 localidades, pero sois 1 millón los que queréis ir al concierto de U2 pagando 100€ por entrada, el precio real de mercado (que no es ese), de algún modo, se va a disparar a las nubes. Oferta escasa, demanda gigantesca.

Eso me lleva al segundo punto, íntimamente relacionado con el primero. Una segunda condición necesaria para la existencia de revendedores es que los organizadores del evento, perfectamente conocedores de la situación, actúen fijando precios más bajos que los establecería el libre mercado. Aunque es cierto que ya se permiten el lujo de poner precios “altos” (Bunbury me quería hacer pagar 50€), son conscientes que podrían haberlos puesto mucho más.

¿por qué no lo hacen? Supongo que hay varias razones. A mí la que más me gusta es aquella que dice que sencillamente nadie se arriesga a perder un lleno casi-garantizado. ¿qué mejor publicidad gratuita que interminables colas a la entrada del recinto?

Quizás si el organizador, en vez de una lista de precios racionada, idease una especie de subasta, asignando las butacas al mejor postor, el sistema sería más eficiente. Así, aquellos fans que paguen más tendrían garantizado su sitio. No obstante, dado el cúmulo de incomprensiones que conforman la mentalidad anticapitalista, hace que esto no suela gustar y, como bien sabes, siempre se opta por la primera opción.

El “problemita” es que el mercado siempre reacciona, se quiera o no, y lo hace con todas sus consecuencias. En el caso anterior, si se vendieron 100.000 entradas a 100€, 900.000 personas se quedaron sin entrada. Y cuando surga inevitablemente la reventa de, digamos, 10.000 entradas, recuerda a las miles de personas frustradas, seguro que dispuestas a pagar algo más. ¿cuanto más? Como decía, dependerá del precio real de mercado, que sin duda es mayor a 100€, porque el precio de mercado (ojo, definición importante) es aquel precio que, por definición, exactamente 100.000 personas (y no 900.000) estarían dispuestas a pagar. Dicho de otro modo, es el precio eficiente/justo.

A efectos de este ejemplo, pongamos como hipótesis que el precio de mercado es 150€.

Con una operación aritmética simple, el precio de la reventa se podrá estimar fácilmente, al saber que el precio medio de todas las entradas vendidas ha de ser necesariamente el de mercado, que yo he sugerido en 150€. Con estas premisas, se deduce fácilmente que se revenderán esas 10.000 entradas a precios rondando los 600€. En otras palabras, 90.000 afortunados asistirán al concierto por menos de lo que debería (100€), compensándose con otros 10.000 que pagarán precios altísimos.

Te parecerá demasiado caro, pero como ves, es obvio que los precios no dependen de la “avaricia” del ofertante. Cuando te escucho decir que un determinado precio no es “justo”, siempre apostillo un pequeño pero muy oportuno detalle: no es justo para ti. Pero acabas de comprobar cómo el mercado no eres tú, ni es el revendedor, el mercado somos todos, todos influimos en el precio final.

En el fondo, con ese peculiar y oportunista concepto de justicia lo único que se está afirmando es que tienes derecho a coaccionar al vendedor para que te lo venda más barato. Y digánme cúal es la diferencia moral entre el vendedor “avaricioso” que quiere vender caro y el comprador (¿tacaño?) que quiere comprar barato.

Claro que si sigue sin convencerte la lógica del sistema, prueba a reprimir la reventa que permite aflorar el sistema de precios, y verás cómo la alternativa es profundamente injusta. Si te gusta el fútbol lo verás más claro.

Cada vez que hay una final, las quejas de los aficionados no vienen tanto por los precios altos, sino por contemplar como la mayoría de los asientos del estadio ya están asignados a toda una serie de privilegiados (patrocinadores, amigos y familiares de futbolistas…etc).

En estos casos, en vez de dejar que la Libertad reasigne las escasas entradas vía reventa, el organizador las regala o las reparte arbitrariamente a precios artificialmente bajos a sus amigos (nepotismo) o según sus intereses (clientelismo).

Incluso, en otras situaciones (discotecas, ejem) se pueden llegar a dar casos de racismo o sexismo (tú entras guapa, tú no, sudamericano). Al final, el problema de la escasez evidentemente seguirá sin solucionarse (los milagros no existen), pero al haber aniquilado esa “avaricia capitalista”, los resultados son, a todas luces, peores.

En este ejemplo, el concierto de U2, pues mucha gente que merecería ir podría quedarse sin ver a Bono en directo. Bueno, no es para tanto.

Para la mayoría de nosotros este tema es lo suficiente trivial para que nos lo tomemos más relajadamente. No obstante, es importante darse cuenta que el principio que rige los precios es siempre el mismo, tanto para fijar el precio de la entrada de un concierto como para determinar el del papel higiénico. En casos menos triviales, intentar anaquilar esa avaricia provoca verdaderos desastres sociales.

Cierro el telón con la viñeta del principio: si opinas que pagan poco por tu entrada, no vendas. Y si el precio te parece muy alto, no compres. Pero deja a los revendedores en paz.

 

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